Del mestre Juan Ramón Jiménez

 No te has ido. Es que antes,

unidos cuerpo y alma,

estabas entre el mundo.

 Y ahora (no te has ido),

alma y cuerpo distantes,

el mundo está entre ti.

 

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Te digo al llegar, madre,

que tú eres como el mar; aunque las olas

de tus años se cambien y te muden,

siempre es igual tu sitio

al paso de mi alma.

 No es preciso medida

ni cálculo para el conocimiento

de ese cielo de tu alma;

el color, hora eterna,

la luz de tu poniente,

te señalan ¡oh madre! entre las olas,

conocida y eterna en su mudanza. 

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D’un altre geni…
 

Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.

Aristòtil, Ètica a Nicòmac